Desarrollo emocional por etapas: infantil y primaria (VOL. I)

El proceso de desarrollo emocional tiene lugar desde los primeros años hasta la madurez, donde se estabilizan las emociones y sus respuestas. En los primeros años de vida se conforman los principales patrones emocionales que nos rigen: el amor y la curiosidad, a medida que la persona crece las emociones adquieren ápices de complejidad e interrelación con lo que ocurre alrededor. Como hemos podido atender con anterioridad, las emociones dependen de la experiencia del individuo, así como de su aprendizaje o carácter. Expertos advierten de la pronta educación en emociones, estableciendo la edad de inicio en los dos años. Las emociones son la esencial el núcleo donde se forman las relaciones sociales.

En este post vamos a encontrar el desarrollo en las etapas de educación infantil y educación primaria. De esta manera tendremos una base sólida para poder hablar del desarrollo emocional en la adolescencia.

Educación infantil y primaria

Las etapas de infantil y primaria comprende desde los tres años a los doce años. Estos años son de escolarización obligatoria y el objetivo de la educación es favorecer aprendizajes en lectoescritura, cálculo, expresión y comprensión oral y nociones básicas de cultura. No podemos olvidar que la actividad académica se desarrolla en espacios sociales, donde se facilitan hábitos de convivencia, estudio y trabajo. Actualmente el sentido artístico y la creatividad tienen su mayor protagonismo en estas etapas, ya que en educación secundaria y en adelante, prevalece un ejercicio estrictamente académico. Con las nuevas pedagogías y metodologías, las emociones empiezan a tener más presencia en las aulas y en los encuentros académicos. Saber afrontar la frustración, el miedo o el control de la alegría, es muy vital para el desarrollo íntegro de los alumnos.

El desarrollo emocional en los primeros años es algo complejo por la conexión entre los procesos físicos y psíquicos. Las emociones desempeñan un papel de máxima importancia en la vida del niño porque le añaden placer a sus experiencias cotidianas y le motivan para la acción. En edades tempranas la manifestación de las emociones están relacionadas con las reacciones a los cambios que ocurren en su ambiente, progresivamente aumentan las emociones y los sentimientos son más elaborados a través del pensamiento.

Las emociones en los niños son breves e intensas. Son muy frecuentes, a la vez que transitorias  (paso rápido de la risa al llanto, de la rabia a la sonrisa…) Las emociones que expresan son creadas por el entorno y poco a poco van aprendiendo qué reacciones le son permitidas y cuáles no. Los sentimientos se ven eclipsados por las emociones.

Las principales emociones en los niños:

Sonrisa

Empieza muy pronto. En los primeros días de vida aparece la “media sonrisa” provocada por un ruido agradable o por estar satisfecho. A las 6 semanas aparece la sonrisa social. Con tres meses de vida, sonríen con frecuencia si algo les agrada y en la interacción social. A los 6 meses, las expresiones de felicidad son más selectivas (cuando interactúan con personas conocidas). Cuando se desarrolla el lenguaje preverbal, se convierte en señal social deliberada.

Ira

Los recién nacidos responden con el llanto a las experiencias desagradables como el hambre, los cambios de temperatura, las incomodidades… Entre los 4 y 7 meses muestran reacciones de ira (angustia) combinadas con enfado cuando se les quita algo, se les impide moverse o se ausenta la madre.

Tristeza

Menos frecuente que la ira. Se manifiesta ante la presencia de expresiones emocionales dolorosos, que pueden surgir a partir del gesto de quitarles un objeto o separaciones breves.

Miedo

En los primeros meses de vida es infrecuente. A los 6 meses aparece por primera vez y suele darse ante la presencia de adultos desconocidos (ansiedad ante extraños). Entre los 8-14 meses presenta ansiedad por la separación (miedo a que se vaya su madre o cuidador). Entre los 15-24 meses disminuye la ansiedad ante extraños, ya que su desarrollo cognitivo le permite discriminar con más eficacia a las personas amenazantes.

Rabietas

Son las más frecuentes. Son una forma de manipular y controlar el ambiente. Suelen ir ligadas a situaciones de frustración. Pueden ser impulsivas (agresiones hacia objetos o personas causantes), inhibidas (huye del objeto o la persona causante). Están fuertemente influidas por el medio educativo y familiar.

En edades tempranas los niños y niñas son capaces de reflejar empatía ante determinadas situaciones. Por ejemplo, si un compañero se cae, pueden sentir el dolor del que se ha caído como si de un dolor personal se tratara. Son capaces de saber qué sienten sus padres con tan sólo la expresión de sus caras: si están enfadados, tristes o contentos. La matización de las emociones se desarrolla con el paso de los años. A partir del año, los niños continúan expresando todas las emociones básicas cada vez con mayor vigor, velocidad y selectividad. Aparecen emociones autoconscientes (implican perjuicio o conciencia de uno mismo, es decir, del yo y lo mío), como la vergüenza, culpabilidad, envidia y orgullo. A partir de los tres años aparece la conciencia del sí mismo cambia la intensidad y reacciones del niño frente a los demás. Varían desde el afecto hasta los celos. Nacen emociones sociomorales como la vergüenza, el orgullo o la culpabilidad. 

La lectura a partir de los cuatro años se convierte en una tarea muy importante. Es, en las vivencias de los personajes, donde los niños pueden establecer un vínculo con los protagonistas de las historias y sentir aquello que los personajes sienten.

La segunda infancia se caracteriza por un equilibrio emocional, a diferencia de la etapa anterior. Se destaca una actitud positiva con un control fácil de los temores; un elevado autoconcepto que le lleva a sobreestimar fácilmente; el afán de hacerse valer le conduce a una actitud más crítica hacia sí mismo, a moderar sus gestos y acciones y a valorar su repercusión en los adultos y en los compañeros; la necesidad de ser considerado “importante”. 

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