Reflexión de último año de carrera

Estamos en cuarto, poco a poco, ya podemos ver el final de la carrera. Parece que fue ayer cuando empezábamos esta nueva etapa como estudiantes universitarios.

No me malinterpreteis. A mi la carrera me ha encantado. Pero me ha encantado porque la he visto como un medio para conseguir lo que quiero (un primer paso, más bien dicho) y no como un fin.

Y es que, algo que siempre he tenido muy claro es mi interés por la educación. Como muchos ya sabréis, hace muchos años yo no era una buena estudiante. Esta experiencia (que por desgracia tenemos muchos) me impulsó a querer cambiar cosas que a mi no me habían gustado, mejorar las que ya estaban y dejar las cosas que funcionaban bien. Este no es el único motivo por el que decidí estudiar pedagogía.

También me gustaba el ámbito de las necesidades educativas especiales. La sensibilidad de las personas que trabajan con estos alumnos. Su labor es admirable. Por lo que una de las posibles salidas que tiene esta carrera era poder trabajar ayudando a todo el que lo necesite.

La carrera avanza y ves que muchas asignaturas no te van a servir para nada. Por mucho que busques su funcionalidad, el enfoque con el que te lo dan, es tan desorbitado que te cuesta entender por qué asignaturas tan alejadas de la educación se imparten su carrera. Porque que en una asignatura puedan salir palabras como «pedagogía», «educación» o «sistema educativo» pierden su valor. Están descontextualizadas. Y es que no se puede dar una asignatura de manera independiente. La asignatura forma tu carrera, no es la carrera y X número de asignaturas aparte. No es cuestión de rellenar currículum. Estamos hablando de educación, de personas que lo más probable, es que trabajen con menores y que necesitan estar bien preparadas.

El tema de las asignaturas es muy importante. En esta carrera en concreto hay un par de asignaturas que están enfocadas directamente a la investigación, por ejemplo. Algo bastante específico. Lo curioso, o no tan curioso es que con estas asignaturas se atasca mucha gente. Unos profesores dicen que no lo entienden, pero en el fondo saben que deberían cambiar la metodología. Algo bastante dificil cuando se lleva haciendo lo mismo más de 15 años…

Algo que aprendí al poco de empezar la carrera, es que la carrera se la organiza uno mismo. No me refiero en cuanto a qué número de horas le dedicas a cada asignatura. Me refiero a ese motivo, por pequeño que fuera, que te hizo meterte en tu carrera. Esa vocación hay que alimentarla y no puedes dejar que campe a sus anchas a disposición de factores externos.

Antes he dicho que la carrera me está encantando y se debe a pequeñas lucecillas que a veces aparecen. Profesores que se toman nuestra formación en serio. Profesores que son conscientes de la importancia de nuestra labor y que defienden nuestra etiqueta como pedagogos hasta el sin fin. Profesores que han hecho que glos randes esfuerzos merezcan la pena.

El fin de esta nueva etapa es lo que me está dando pie a cuestionarme muchas cosas, entre ellas mi futuro y todo lo que he ido construyendo estos últimos años.

La carrera de pedagogía es como muchas, que no sirve con estudiar lo estrictamente académico. Muchas veces hay que ir más allá y buscar el propio sentido de la educación. Y eso es lo que más me gusta.

Si naciera otra vez, estudiaría de nuevo esta carrera, sin duda alguna.

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